Gure lehenengo elkarrizketa, web orri berri hau inauguratzeko, Juanjo Morenori egin diogu, Tabirakoko historian ezinbestean kontuan hartu beharreko laguna.

Juanjo, 1964-1965 denboraldian Durangora heltzen da. Kimikoa lanbidez, Jesuita, Indautxuko eta Zaragozako nazioarteko 1. mailako  Iberiako jokalaria izandakoa, Tabirakon jolasteari uko egin zion. Bere ustez garrantzi handiagoa zuen saski baloi zaleak ziren herriko umeak entrenatzea eta aukera hau lehenetsi zuen.

Harrezkero, bere lan egiteko eta entrenatzeko eragaitik,  Durangon saskibaloia ulertzeko zegoen kontzeptua guztiz aldatu zuen. Gaur egun bera da Klubeko izaeraren igorle garrantzitsuenetariko bat.

¿Cómo decidiste dejar de jugar y ponerte a entrenar?
Cuando llegué al Tabirako yo lo tenia muy claro. Ellos creían que tenían un jugador, pero yo veía que había jugadores estupendos jugando en Regional, pero que habían empezado tarde y claro, tenían deficiencias. Si yo juego con ellos cara al futuro no hemos aportado nada. Era un club federado con mucho mérito teniendo en cuenta lo difícil que era en aquellos tiempos jugar a baloncesto. Pero estaba claro que lo que hacía falta era hacer una cantera, había que hacer un equipo de colegio como base para el equipo mayor y así creamos el Infantil al que llamamos Tabirako Loyola. Por una parte era del colegio pero ya abierto al club. El hecho también de ser jesuita y tener unas obligaciones religiosas, igual me hacia más fácil no querer jugar porque llevaba ya dos años sin jugar. Estaba claro que lo que hacia falta era cantera.

¿Qué te consideras? ¿un jesuita baloncestista o un baloncestista jesuita?
Yo soy jesuita, pero lo mismo que le pasa a las personas en la vida, si tu vocación es ser mujer,  padre de familia o profesor… ese camino no lo tienes hecho, tú lo inicias, entonces cuando yo siento que el destino de mi vida era hacer el bien, pues lo haces, pero la persona es la misma, una persona con sus aficiones y sus cualidades… Y luego descubres con el baloncesto que sabes, o con la química o con lo que sea… que ayudas mucho y descubres que los valores humanos son importantísimos, y que el Jesús del Evangelio lo que hace es ayudar a la gente. Lo que sí te ayuda la vocación y la fe es a ir quitando amor propio, egoísmo, a ser más generoso… al final las dos cosas están muy unidas. A medida que pasan los años soy más jesuita que baloncestista, pero eso es la evolución lógica de la vida.

Cuando viniste a Durango y conociste al Tabirako ¿pensabas que llegaría a ser el Club que es hoy en día?
No, porque no te haces esa pregunta. Tampoco había clubes en Bizkaia tan organizados, con una estructura tan grande como lo hay ahora. Había más equipos que clubes. Igual te encontrabas como mucho con clubes con 3 equipos y poco más. Pero una vez que pones en marcha una cantera, has puesto el parche de lo que va a ser un club de arriba a abajo. Empezamos con un juvenil e infantil, luego llegó el minibasket, luego los colegios del pueblo hacen equipos de colegio pero siempre del Tabirako. Y así todas las fuerzas se sumaron, pero fue un producto de la propia evolución, sabíamos que hacía falta cantera pero no sabíamos a cuántos equipos llegaríamos. Eso no lo ves.

Cuéntanos alguna anécdota de tus comienzos.
Tengo muchas, pero de tiempos memorables… Jugábamos con el Zaragoza la liga nacional, lo que es hoy en día la ACB, pero con muchos menos medios. Entonces íbamos a Barcelona y jugamos el sábado contra el Juventud y el domingo contra el Barcelona. Otro fin de semana íbamos a Madrid y jugábamos el sábado contra el Estudiantes y el domingo contra el Madrid. Todo eso para ahorrar, claro. Y bueno, terminábamos destrozados. Yo era el único que era de fuera de Zaragoza y era además estudiante. Había un compañero que era albañil, que cuando ya estábamos camino a Lérida sacaba dos bocadillos en papel de periódico de tortilla de patatas y una botella de tinto, y uno era para mí, el estudiante de fuera…. Para mí el hecho de que su madre me preparara el bocadillo de tortilla en todos los partidos, para mí eso es inolvidable, me hacía más del equipo que cualquier otra cosa, sólo con eso ya vas a sudar la camiseta del Zaragoza como nadie, ves un balón en el suelo y te tiras…

Otra anécdota fue la primera vez que jugué con la Selección Absoluta, concentrado 9 días. Entonces entrenaba Jacinto Ardevínez, cuando yo fui a la selección estaba ya en su último año, algo mayor, tras haber hecho una gran labor por el baloncesto español y para gran sorpresa mía, entrenábamos a dos por hora, nos pegamos un desayuno opíparo, se hacían apuestas de tiros libres con el premio de botellas de champán que pagaba la Federación, etc… Al final de la concentración llegaba a Zaragoza con dos kilos de mas después de 9 días entrenando. Al año siguiente entró Pedro Ferrándiz de entrenador y todo cambió. Se entrenaba a mil por hora, con dolores de espalda, lumbalgias… nada que ver, entonces empezó el baloncesto digamos, moderno y exigente.

 

¿Para ti quién ha sido el mejor jugador de la historia del baloncesto?
Emiliano ha sido el mejor, sin duda. Emiliano, claro está, teniendo en cuenta el nivel al que se podía llegar entonces. Hoy en día yo diría que el mejor es, por supuesto, Gasol. Pero los tiempos no son comparables. Gasol, porque la calidad técnica y los recursos que tiene, junto con su envergadura física y, yo creo que también,  sus valores humanos y su saber ser un hombre de equipo a pesar de ser una figura es un conjunto imposible de mejorar, diríamos que lo tiene todo, solo le faltaría meter un poco mas porcentaje de 3, entonces ya no tendría límite. Pero para lo que eran los tiempos de entonces Emiliano fue proclamado mejor jugador de Europa en el año 63. E era muy amigo mío. Era de Bilbao y debutamos juntos en la Selección y hoy en día seguimos siendo amigos. Siempre le llamo en su cumpleaños y en Navidades. Fue un producto espontáneo para los entrenadores que había entonces, un jugador de enorme calidad. También nombraría a Epi y muchos más, pero para mí los mejores serían esos dos , Emiliano y  Gasol.

¿Cómo definirías el baloncesto en pocas palabras?
El baloncesto tiene muchísimos valores estupendos. Primero, que es una conjunción enorme de cualidades físicas muy variadas, de muchísima coordinación, donde entra todo el cuerpo, y donde entra muchísimo el corazón y la cabeza. Requiere mucho talento, visión de juego, pero también requiere de mucho corazón. A falta de diez segundos tienes que tirar y meter el balón por el aro y con una oposición fuerte como es hoy en día. Hay jugadores que han aprendido mucho a auto controlarse, a mantener emociones, hace falta confiar en sí mismo, confianza…. Hay que tener un enorme sentido de equipo, tiene enorme valor el saber estar en el campo, en el banquillo, hay que tener claro que nadie puede ganar solo. El baloncesto tiene una riqueza táctica incalculable. Si uno entra en este deporte y entra en toda esa variedad de desarrollos individuales y colectivos, el enriquecimiento humano es tremendo. Si yo llevo el baloncesto a mi vida ordinaria, a la comunidad de jesuitas, a la familia, a un equipo o supongo, que a una empresa, si tu aportas toda esa riqueza que te ha dado el baloncesto… ya has conseguido mucho. Además el baloncesto es muy estético, es muy bonito ver un tiro en suspensión, acciones defensivas fuertes, un contraataque… estéticamente es una belleza plástica. Quien inventó el baloncesto no podía prever que iba a ser así. En los comienzos se jugaba al baloncesto suave, elegantemente. Un pase era muy estético había que estirar bien los brazos, dirigirlo bien…. Claro tu juegas hoy así y te han quitado todas y te han metido 20 canastas…. El que lo inventó no podía imaginarse lo que es hoy en día este deporte.

Los equipos que tú has entrenado se han caracterizado por hacer una defensa especial.
La defensa fue un descubrimiento posterior. Cuando yo jugaba se defendía en zona y después se empezó hacer defensa de hombre, se pensaba que era 1x1, y claro, si te desbordaban… se acabó. Yo tuve la suerte de poder ir a un clinic en Madrid en el 72 en el que apareció por allí Bobby Knight, en aquel entonces entrenador de la academia militar de Estados Unidos y que después fichó por el Indiana. Apareció con unos planteamientos defensivos absolutamente novedosos para lo que era el baloncesto español. Tuvimos además la suerte de tener un traductor de inglés que sabía de baloncesto. Yo, a las mañanas pasaba los apuntes a limpio y por las tardes acudía a los clinics. Por lo que yo vi, fui el que más partido saqué a aquel clinic. Yo descubrí un mundo nuevo. Ese entrenador no sólo daba los conceptos teóricos, sino que luego iba construyendo la defensa a base de los ejercicios defensivos de 1x1, 2x2, 3x3, 5x5… nos contaba qué ejercicios hacía él, en que aspectos insistía más…. Yo todos los días tomaba apuntes y a las mañanas los pasaba a máquina de escribir, de esas antiguas, y al hacer los dibujos a mano, sacar copias… yo volvía a revivir todo lo que él había transmitido, que lo más importante era el espíritu. Cuando iba a la siguiente clase lo cogía todo como nadie, porque yo había tenido eso, toda la mañana me había empapado, y así sucesivamente todos los días. Había que verle a él. El defendiendo echaba humo.. Después del clinic volví con unos apuntes fenomenales pero con un espíritu defensivo cambiado. Yo descubrí un baloncesto nuevo. Y lo que yo no había hecho como jugador, lo empecé a transmitir como entrenador. Fue el catecismo aquí. Entonces habría 5 equipos en el Tabirako y la conexión con los entrenadores era muy fácil. Fue un gran tesoro que conseguimos, todos hacíamos los mismos ejercicios y de la misma forma. Entonces se creó un estilo de club, y probablemente fuimos el club que mejor lo asimiló. Allí estaba en el mismo clinic Pinedo, entrenador del Estudiantes, y no cogió un solo apunte. Yo miraba y pensaba, estos son bobos. Es que la gente es la leche, a estos sitios hay que ir muy humildes…. Al año siguiente fuimos campeones de España infantiles, bueno con esa defensa y buen tiro y buena técnica y chavales que se tiraba horas haciendo tiro…. Luego en el 74 en Ávila fuimos terceros de España federados Juveniles, ganando al Barça de Solozabal, y perdiendo en la semifinal contra el Madrid que por altura nos comió. Y Díaz del Corral, jugador del Madrid, en unas declaraciones que hizo a los medios de comunicación allí presentes, dijo que el equipo que más le había recordado al Estados Unidos del Mundial de Madrid era el Tabirako que vio jugar en Ávila. Lo que él no sabía era que el Tabirako de Ávila hacia la defensa del Estados Unidos de Bobby Knight. Aquella época fue una conversión a un baloncesto nuevo.

¿Por qué crees que se ha perdido ese espíritu de defensa?
Primero, porque el club se ha hecho grande, las conexiones entre entrenadores son más difíciles, la dispersión es grande. Luego también las generaciones de ahora tienen una vida más fácil, mas cómoda, se priorizan las clases de inglés, de lo otro…., la dispersión… Las horas que meten los jugadores haciendo tiro por su cuenta es incomparable con aquellos años. Es una sociedad distinta. No se trata de culpabilidades. Es una sociedad diferente. Aquello duro 15-20 años, entonces paulatinamente se va ablandando y llegan nuevos entrenadores que no lo han vivido y si no lo has vivido no lo puedes transmitir igual, te cuentan pero… y es más difícil hoy en día.

A parte de las que ya mencionas en la pregunta anterior, ¿qué diferencias esenciales ves entre los jugadores de hoy en día y aquellos primeros que cogistes tú en tus inicios?
En primer lugar, el número de actividades fuera de los estudios que podían distraer al jugador de entonces era mucho menor que el de hoy en día. Tenían justito dos canales de televisión y el deporte que les gustaba. No tenían ni mp3, ni DVD, ni móvil, ni Internet, ni mil clases de ingles. No tenían esta sociedad que se asoma al exterior, que hay que competir con todo el mundo con los idiomas... Antes los chavales se quedaban para hacer tiro y jugar con los amigos y después quedamos para merendar chorizo y pan. No tenias mucho más que hacer. Ahora vamos de aquí para allá, que he quedado aquí luego allí… La gente metía muchas horas entrenando, tirando y otra cosa clara es que antes, cuando jugábamos los 3x3 eran a muerte, eran muy enriquecedores. Hoy en día un 3x3 no defiende nadie, porque ese esfuerzo no está en la sociedad, todos tenemos una vida más cómoda.

En tu época de jugador, ¿cómo disfrutabas más? ¿Dando una asistencia o metiendo una canasta?
Pues igual más dando una buena asistencia. Bueno… con las dos. Por ejemplo, una jugada brillante que tengo en la cabeza, era un partido muy importante para mantenernos en la categoría y la última jugada que hicimos fue una asistencia que hice yo y una puerta atrás con un compañero que nos entendíamos con la mirada. Acabamos ganando de dos y todos nos abrazamos… Esa asistencia, por ejemplo, la recuerdo mucho más que otras canastas que metí en mi vida de jugador. Lo mejor es la satisfacción de las jugadas echas juntos, en equipo, además nosotros las hacíamos jugando entre nosotros, cuando una jugada salía bien con los amigos la pasábamos al equipo… la satisfacción de las jugadas que nosotros mismos hacíamos, sin duda.

Cómo se gana un partido ¿metiendo una canasta más que el rival o haciendo que el rival meta una menos que tú?
Yo nunca he aceptado estar jugando el partido a merced del estilo de juego que pone el rival. Yo creo que el partido se gana poniendo el ritmo de partido que tú sabes que le conviene a tu equipo. Eso conlleva el saber cómo romper el estilo del rival y como imponer el tuyo mismo. En nuestro caso incluía rapidez, velocidad, mucho ritmo, normalmente acabar cansando al otro equipo… Más que meter una canasta más o una menos yo creo que es imponer el estilo que más nos conviene a nosotros. Un ejemplo: si ellos meten una canasta, nosotros otra, ellos otra… no me interesa porque es un cara o cruz, hay que cambiar el ritmo, el partido no va bien.

¿Que valores crees tú que tiene el Tabirako y que no tienen otros clubes de baloncesto?
Yo diría dos fundamentales como valores. El primero, que a pesar de los tiempos, hoy en día el Tabirako sigue haciendo una apuesta romántica, increíble para lo que son estos tiempos, que es la gratuidad y que todo el mundo haga de todo en el club sin cobrar nada. Ese es un valor absolutamente anticultural. A mí como Jesuita me entusiasma, porque es una manera de decirle a esta sociedad que el ser humano tiene capacidad para mundos distintos, más generosos, menos egoístas, mas desprendidos y más de ayudarnos entre todos. Eso es valiosísimo y dificilísimo. Bueno, hay que luchar por mantenerlo pero con los ojos abiertos también porque todo lo que sea frustrarte es malo, ese valor es muy importante y ya no queda en ningún lado. Otro valor es que a pesar de que es cierto que hemos tenido crisis y a pesar de que en los últimos tiempos han habido rencillas personales, todavía predomina por mucho la idea de que el Tabirako es más que cada uno de nosotros. Eso está ahí todavía. Es más fácil aquí que en otros clubes. En Bilbao por ejemplo van jugadores de un equipo a otro… En Durango nos ha ayudado la claridad de ideas desde el principio y el estar en una zona aparte.

¿Qué peligros crees que puede correr el club?
El peligro siempre es el personalismo, es decir, cualquier persona que piense antes en cómo le va a él en lugar de en cómo le va a su equipo o cómo le va a su club. O cualquier directivo que igual trabaja mucho pero el amor propio le impida aceptar otras mejoras que se puedan hacer porque está muy cerrado… Como eso es muy humano han existido casos, aunque yo creo que menos que en otros sitios. La fórmula que Hilario defendió en la Asamblea de “unidad y humildad” es vital para el Tabirako, porque entre otras cosas esta defendiendo la gratuidad.

¿Cuál es la mejor característica de un jugador y que consejo darías tú a todos los jugadores del Club?
Ten en cuenta que cada jugador tiene cualidades físicas y humanas distintas. Entonces es difícil dar un consejo único porque al que ya tiene unos valores le tienes que dar el consejo de que se apoye en ellos porque le van a dar confianza y también tienes que decirle que tiene unas limitaciones y que las vaya limando, que intente que cada vez le limiten menos. Cada uno es distinto pero lo importante es que te guste el baloncesto, que lo vivas, que te esfuerces para llegar a un mínimo nivel con el que disfrutes porque sino dejará de gustarte. Siempre hay que tener interés por mejorar, por aprender. Eso es muy bueno porque además es muy importante para la vida también. Poner algunos medios, sacar momentos para mejorar una cosa u otra, es mejor pequeño ratos pero continuados. Un buen consejo para todos es que te guste el juego y tengas ansias por mejorar y aprender, lo que conlleva humildad, esfuerzo, poner atención… y también conlleva un poco de talento, claro. Al hilo con esto, me acuerdo de otra anécdota, indicio del espíritu que teníamos entonces. El Tabirako jugábamos a lo ancho con canastas en la pared peligrosas para los jugadores. Luego pasamos a canastas móviles con tableros de maderas, pero los chavales las rompían… En aquel entonces yo saqué el numero 2 en un curso de entrenador superior y nos habían prometido un viaje a Ámsterdam a los 3 primeros. Paco Diez, el jefe del Aguilas entonces, tenía mucho que decir en la Federación Española y les montó un pollo de escándalo para que nos dieran canastas nuevas. Entonces yo renuncié al viaje a Ámsterdam y entre eso y el esfuerzo de Paco, la Federación nos regaló unas canastas desmontables. Para el Tabirako fueron un tesoro porque esas se podían sacar y guardar y así conseguimos las canastas.

¿Cuál es la mejor característica de un entrenador y qué consejo darías tú a todos los entrenadores del club?
Lo realmente importante es que te guste mucho el baloncesto. Te va a gustar más cuanto más estés siempre preocupando aprender y cuanto menos te quedes con la idea de que yo tengo mi librillo y de ahí no me saca nadie. Tienes que ver los partidos con ojos de aprender siempre. Claro, eso conlleva ver muchos partidos, buscar artículos y muchas cosas.  Y para un entrenador de nuestro club es importantísimo tener cariño al club, para su propio crecimiento. Vas a ser más completo. No sólo vas a desarrollar a nivel técnico sino que también vas a desarrollar en los valores que vas a transmitir a tus jugadores, y eso sin duda, te va a hacer ser mejor entrenador. Hay que estar dispuesto a aprender de todos. A mí ha habido una vez que un chaval me puso muchísimas dificultades en el partido y hay que ser capaz de reconocerlo y aprender humildemente. Que te apasionen también los aspectos formativos del juego, la  creación de conjunto, los valores humanos, el transmitir, eso es lo que hace un buen entrenador. El ser humilde también lleva dos veces al año, no más, a tener que reconocer ante tus jugadoras que tú te has equivocado. Tú lo puedes pensar y ser consciente de ello y tienes que ir corrigiendo tus errores. Pero no puedes estar todos los días diciéndolo porque creas inseguridad en tu equipo. Pero sí hay que decirlo un par de veces, decirles, tíos me he equivocado, yo creo que eso también es bueno.

¿Y algún consejo para la Directiva del club?
Hace tiempo que no he estado en una Directiva pero creo que primero tiene que tener claros los valores del club y fomentarlos. Vuelvo a lo que dijo Hilario, “Unidad y Humildad”. El club siempre es más grande que nosotros y el club tiene una historia y tengo que tener claro que a este club no le dejo mal en ningún sitio porque tiene un prestigio. En segundo lugar eso lleva consigo la conjunción del equipo directivo, trabajar como un equipo más del Club. Por encima de lo individual está el conjunto. En tercer lugar,  tener un espíritu común en la medida de lo posible. Hace años era fácil quedar los cinco entrenadores del Club e ir a tomar un trago y estar juntos. Así era fácil transmitir los valores. Hoy en día es más difícil pero dentro de lo posible hay que buscar maneras de que los entrenadores sientan que los Directivos están con ellos. Por ejemplo, yo en Jesuitas tengo claro que los entrenadores son mucho más importantes que los padres. Yo siempre defiendo a los entrenadores delante de los padres porque ellos están ahí dando el callo. Al entrenador hay que darle siempre apoyo incondicional. Porque al final los entrenadores son los que transmiten el espíritu del club, calor, cercanía y que se sientan valorados, pero al mismo tiempo que no olviden que el club es más que ellos y que miren por el bien del club. A la Directiva le veo muy fuerte buscando aliados económicos, por ejemplo. Seguir así, que ese es un gran valor que se está consiguiendo en los últimos años. Hay que buscar momentos también para estar unidos. Hacer una meriendilla, un no-se-qué en un momento que sepamos que es importante estar juntos. Y sobre todo siempre primar más el conjunto que lo individual.

 

Septiembre 2007
Entrevista realizada por
Alberto Alonso
Alberto Molina
Itsaso Gartzia